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Última Hora Harfuch: ¿Quién m4tó a Carlos Manzo? No fue solo el Cártel

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  Era un muchacho en un país acostumbrado a la violencia. La imagen de un pistolero muerto en el asfalto es, trágicamente, una más. Pero aquí, en el expediente del caso Carlos Manzo, esta imagen se niega a ser archivada. Mírenla de cerca: no es el rostro de un sicario veterano, ni la mirada fría de un profesional. Es un rostro joven de 17, quizá 19 años. Un joven que fue enviado en un viaje solo de ida. Caminó entre la multitud. Uruapan celebraba el Día de Muertos. El aire estaba espeso por el aroma dulce y penetrante del cempasúchil, por el humo sagrado del copal. La gente celebraba la vida de los que ya no estaban. Y en medio de esa celebración de la memoria, este joven pistolero se movía con un propósito frío. Se acercó al alcalde Carlos Manzo. Lo rodeaba un círculo de acero: sus policías locales, leales hasta el final, y un contingente aún más grande de la Guardia Nacional. Protección federal, el escudo más fuerte que el Estado puede ofrecer. El joven sicario atravesó ese escud...

El día que Carlos Manzo enfrentó al gobernador de Michoacán| Video Completo

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  I. La Afrenta Final Uruapan olía a muerte. Era noviembre y aunque los pétalos anaranjados del cempasúchil tapizaban las banquetas, en un intento desesperado por celebrar la vida, el aire de la Perla del Cupatitzio estaba viciado. Pesaba. Era el peso colectivo de la incredulidad y de una furia que aún no encontraba su voz. En la funeraria, el silencio era casi sólido. Se podía oír el llanto ahogado, el murmullo de un rezo, el roce de un traje negro. Y en el centro, un ataúd de madera oscura. Al lado, un sombrero que se había convertido en un símbolo de desafío, ahora descansaba huérfano. Entonces, el silencio se rompió. No fue un murmullo, fue una fractura. Las puertas se abrieron y con ellas entró un séquito de hombres de traje y corbata, con auriculares discretos y miradas que barrían la sala. A la cabeza caminaba el hombre más poderoso del estado, el gobernador Alfredo Ramírez Bedoya. Venía a dar el pésame, a mostrar respeto, pero el respeto no le fue devuelto. La transformació...

¿Casualidad o represalia? El PRECIO por exigir justicia: El video que silenció al exalcalde.

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  I. El Hecho Desencadenante: Un Video y una Desaparición Las palabras tienen peso, a veces el peso de una losa. Para Alejandro Correa Gómez, esa pregunta dejó de ser retórica en la madrugada del 2 de noviembre de 2025. Horas antes, había elegido hablar. En un video que circularía rápidamente, el exalcalde de Zinapecuaro, Michoacán, exigía justicia con furia y dolor por el asesinato de Carlos Manzo, el alcalde de Uruapan, ocurrido apenas un día antes. Alejandro no solo era un exfuncionario, era un hombre señalando el vacío de la ley. Lo que él no sabía era que esas palabras, pronunciadas con convicción, no eran un escudo, sino un blanco. La madrugada del 2 de noviembre, horas después de que el video se difundiera, Alejandro Correa Gómez desapareció de la faz de la tierra en la localidad de Tierras Coloradas. La pregunta en el aire de Michoacán no es si estos dos eventos están conectados, sino cuán implacable es el mecanismo que los conecta. II. El Hombre Detrás del Video: Alejandro...

Lo que descubrieron después, dejó a todos en shock | Caso Carlos Manzo

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  I. La Noche del Asesinato Confiaba en ese momento. Confiaba en el aroma del senasuchil que lo envolvía todo en la luz de miles de velas que dibujaban caminos de luz en la penumbra. Confiaba en las risas de los niños que se acercaban a él para pedirle una fotografía y en los rostros de las familias, que por primera vez en mucho tiempo habían salido a tomar las calles de Uruapan sin miedo. Era la noche del primero de noviembre y el festival de las velas estaba en su apogeo. Carlos Manzo Rodríguez, el alcalde, caminaba entre su gente sintiéndose, quizás por un instante, invulnerable. Era el hombre que había ganado con el 66% del voto, el hombre que había prometido devolverles la paz. Pero a menos de 3 m de distancia, un joven se abría paso entre la multitud. Sus movimientos eran torpes, ligeramente fuera de ritmo con la celebración. Sus pupilas dilatadas, su pulso acelerado por una mezcla tóxica de anfetaminas y marihuana. No estaba allí por las ofrendas, no estaba allí por la tradi...